jueves, 26 de febrero de 2015

“Mamá: no puedo parar los pensamientos que me llegan a la cabeza”


“Mamá: no puedo parar los pensamientos que me llegan a la cabeza”

sobreestimulacion

Una amiga me comentó hace unos días que su hija, de apenas cinco años de edad, le había sorprendido con este comentario mientras la llevaba a un cumpleaños. Sentada en su sillita, en los asientos traseros del coche, la pequeña se mostraba agobiada y desconcertada. No es la primera madre que me comenta algo parecido, pero en este caso resulta especialmente significativo el hecho de que la niña considerara que los pensamientos le llegaban de fuera..
No se trata del argumento de una película de ficción, al estilo de La invasión de los ultracuerpos, ni tampoco es consecuencia de alguna extraña enfermedad mental, o una situación puntual y pasajera. Tras descartar todo lo descartable, la conclusión no se hace esperar: se trata sin duda de otra niña más alcanzada por lo que denominamos sobreestimulación. En 1997, hace ya dieciocho años, publiqué un libro sobre el consumo de drogas de síntesis entre los adolescentes, en el que hacía referencia exactamente a esta situación. Sin lugar a dudas nos encontramos ante la generación más sobreestimulada de toda la historia de la Humanidad. Hasta hace apenas 50 años los estímulos que recibíamos del exterior eran muy limitados y moderados en relación a los que recibimos hoy en día. Se trataba fundamentalmente de estímulos procedentes de nuestro entorno inmediato, familia, amigos, y las pocas horas a la semana que podíamos pasar viendo un canal de televisión en blanco y negro, o escuchando algún programa de radio.
Hoy, cualquier niño de diez años de nuestro entorno, ha recibido muchísima más información que cualquier otro homo sapiens de los que han pasado por aquí en los últimos 40.000 años. Ha visto imágenes de tiranosaurios corriendo por un bosque, cuando hasta hace un siglo ni tan siquiera sabíamos de su existencia. Imágenes de peces abisales, animales e insectos de cualquier punto de la tierra, vídeos grabados en la superficie de Marte por un robot, secuencias reales sobre el corazón bombeando sangre o linfocitos haciendo su trabajo en nuestro sistema inmunológico. Cosas con las que ningún sabio de la antigüedad se atrevió a soñar, y un volumen de información muy difícil de manejar. Estímulos dirigidos a todos sus sentidos: sintetizadores, sonidos y ritmos nunca antes escuchados, alimentos procedentes de los cinco continentes, chicles que los primeros minutos saben a maracuyá y después a frutos silvestres del bosque australiano… ¿Se han parado a contar los tipos de cereales que hay en las estanterías de los supermercados? ¿Y los yogures?
Pero estos niños no reciben sólo los estímulos de su entorno habitual, sino que en muchas ocasiones nos empeñamos en “enriquecerlo” y llenar absolutamente todo su tiempo con más actividades. Un tiempo libre absolutamente copado, que se combina con histriónicas series de dibujos animados, estridentes partidas de videojuegos en 3D y todo tipo de aplicaciones para llenar sus móviles, tabletas y cabezas.
Hace ya unos años que distintos expertos, como los del grupo de investigación sobre Neuroplasticidad y Aprendizaje de la Universidad de Granada (UGR), advirtieron sobre cómo la estimulación temprana podía influir en el proceso de aprendizaje. La psicobióloga Milagros Gallo, señalaba que: “El entrenamiento en tareas demasiado complejas, antes de que el sistema esté preparado para llevarlas a cabo, puede producir deficiencias permanentes en la capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida”.
El problema de la sobreestimulación es que, al igual que hacen las drogas de síntesis, provoca lo que denominamos “tolerancia”. Es decir, el organismo se acostumbra a recibir con regularidad su dosis de estímulos, hasta que llega un momento en el que tal dosis no le satisface. ¿Qué hace entonces? Pues muy sencillo: buscar una dosis mayor. Los niños que viven este efecto se hacen cada vez menos sensibles a los estímulos del entorno, y necesitan cada vez más. Se vuelven hiperactivos, o se muestran desmotivados mientras su imaginación y creatividad se van mermando. Les cuesta centrarse mucho tiempo en una misma actividad, y sienten que sus pensamientos se atropellan los unos a los otros.
NECESITAMOS EL ABURRIMIENTO
Puede parecer algo paradójico, pero necesitamos más que nunca que los niños y niñas tengan tiempo para aburrirse. Necesitamos que tengan tiempo todos los días para llevar a cabo actividades que no estén previamente estructuradas, organizadas y controladas por normas rígidas y preestablecidas. Es preciso que tengan la oportunidad de crear sus propias estructuras, normas y parámetros. Creo que los adultos que no son capaces de innovar, de adaptarse, cambiar o evolucionar y aportar algo a la vida de quienes les rodean, son con frecuencia niños privados de la posibilidad de crear y experimentar. Es necesario tener la posibilidad de explorar, y también la posibilidad de equivocarse.
Definiría el aburrimiento como la ausencia de motivación que incite a la acción física o mental. Así pues, si un niño se aburre y desea actuar tendrá que terminar encontrando o creando sus propias motivaciones. Tendrá en definitiva que automotivarse. Y no les quepa duda de que lo hará. Un niño o una niña en un parque, con un palito, arena y un par de piedras creará todo un mundo. Sentado frente a una mesa y con una caja llena de pinzas de tender la ropa, organizará una carrera de coches, desarrollará una batalla o realizará algún tipo de construcción. Una hoja en blanco, un lápiz y varios rotuladores darán lugar a todo tipo de creaciones…
Los niños y niñas de hoy, más que nunca, necesitan disponer de tiempo no estructurado y dirigido por sus mayores. La sobreestimulación, la constante motivación externa y el encadenamiento continuo de tareas y actividades programadas les saturan, agobian y ahogan su necesidad de crear.
Resumiría mis principales recomendaciones en el siguiente decálogo:
  1. Procure que sus hijos/as dispongan con frecuencia de tiempo no estructurado. ¡Verdadero tiempo libre!
  2. Reduzca las actividades extraescolares al mínimo que considere necesario. Priorice y tenga muy en cuenta aquellas que son iniciativa de ellos mismos.
  3. No se adelante a sus demandas, no queme etapas demasiado pronto. Necesitan detenerse y paladear cada edad y cada etapa. Respete su ritmo de maduración.
  4. Interactúe y juegue con ellos si se lo piden, pero no organice ni desarrolle las normas.
  5. Controle el acceso a internet y las nuevas tecnologías. No deben convertirse en prioritarias ni conformar su principal forma de ocio. Establezca horarios.
  6. Distancie el uso de ordenadores, tablets o teléfonos móviles de la hora de irse a la cama. El sueño es fundamental, y el cerebro necesita un tiempo para volver a la normalidad tras los estímulos recibidos durante el empleo de estos aparatos.
  7. Supervise las series de dibujos animados que ven. Compruebe si es usted capaz de ver un capítulo y en qué estado se encuentra después. Algunas generan un estado de ansiedad muy apreciable.
  8. Sus hijos necesitan contacto con la naturaleza. El ritmo que ésta establece actúa como un verdadero bálsamo. Necesitan tocar, oler, sentir y experimentar en espacios abiertos y naturales.
  9. Controle los ruidos innecesarios. Si alguien quiere ver la tele en casa, escuchar música o discutir, los demás no tienen que compartirlo necesariamente.
  10. Preste toda la atención posible a sus comentarios, preguntas y observaciones. Nada de lo que dicen es superficial, aunque en un principio podamos no entender lo que están intentando decirnos.
(Esto no quiere decir que la sobreestimulación sea la respuesta a todos los casos similares. Mi intención es sólo aportar recursos e ideas a los padres y madres que puedan sentirse identificados).
Más información: http://www.guiasaluddigital.com
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http://journal.frontiersin.org/article/10.3389/fpsyg.2014.00593/full
http://secretariageneral.ugr.es/pages/tablon/*/noticias-canal-ugr/la-sobreestimulacion-infantil-y-juvenil-provoca-deficiencias-en-el-aprendizaje#.VOjKmfmG-bN

martes, 17 de febrero de 2015

ESTO ES CARNAVAL!!!

lunes, 16 de febrero de 2015

MIS CANCIONES DE 3 AÑOS 1ª PARTE

lunes, 2 de febrero de 2015

DÍA DE LA PAZ

EL PASADO DÍA 29 DE ENERO CELEBRAMOS CON ANTELACIÓN EL DÍA DE LA PAZ QUE ES, EN REALIDAD, EL DÍA 30.


LA ACTIVIDAD CONMEMORATIVA CONSISTIÓ PRIMERAMENTE EN HABLAR SOBRE LO QUE ERA LA PAZ PARA ELLOS (UN TEMA MUY ABSTRACTO PARA ESTAS EDADES QUE DIÓ CON GRACIOSAS RESPUESTAS COMO LOS CABALLITOS, LA TRACA, ETC PUES LO RELACIONABAN CON LAS FIESTAS DE LA LOCALIDAD). POSTERIORMENTE, CONSISTIÓ EN LA DECORACIÓN DE UN CORAZÓN DONDE PUSIMOS PALABRAS BONITAS QUE LE DIRÍAMOS A UN AMIGO, FAMILIAR O ALGUIEN A QUIEN QUEREMOS RECONDUCIENDO EL TEMA A LA AMISTAD Y AL AMOR.



DESPUÉS, NOS PUSIMOS MANOS A LA OBRA A INVESTIGAR QUÉ ERA ESO DE LA PAZ Y NOS RECORRIMOS TODO EL COLEGIO PREGUNTANDO Y ENTREGANDO MANOS DONDE SE RECOGIERAN LAS DIFERENTES OPINIONES Y CON EL QUE LUEGO MOSTRARÍAMOS EN LA ENTRADA DEL CENTRO A MODO DE MANDALA.



 FINALMENTE FUIMOS A LA CLASE DE 2º PARA HACER UN INTERCAMBIO EN EL CUAL ELLOS NOS DIERON UNA BONITA MEDALLA DE LA PAZ CON UNA PALOMA Y NOSOTROS LES REGALAMOS EL CORAZÓN, UNA HERMOSA MANERA DE HACER AMIGOS (ESTA VEZ "LOS MAYORES).


martes, 20 de enero de 2015

CUENTOS PARA TRATAR EL DUELO INFANTIL

AQUÍ TENÉIS UNA SELECCIÓN DE CUENTOS PARA DIFERENTES EDADES PARA TRATAR EL TEMA DEL DUELO INFANTIL. NORMALMENTE EN LAS BIBLIOTECAS SUELEN TENER ALGUNOS Y SI PREGUNTÁIS OS PUEDEN ACONSEJAR.






jueves, 8 de enero de 2015

DUELO INFANTIL

OS DEJO AQUÍ UN ARTÍCULO MUY INTERESANTE SOBRE ESTE PROCESO POR EL QUE TODOS PASAMOS CON UN SER QUERIDO MÁS O MENOS PRÓXIMO Y/O FAMILIAR Y, EN EL CASO DE LOS NIÑOS, NO SABEMOS MUY BIEN CÓMO AFRONTAR ESTE MOMENTO, QUÉ RESPONDER, CÓMO ACTUAR. DEPENDE EN GRAN MEDIDA DE LA EDAD DEL NIÑO, DE NUESTRO MOMENTO EMOCIONAL Y OTROS FACTORES. AL FINAL DEL MISMO HAY UN ENLACE CON UN ARCHIVO PDF QUE NOS PODEMOS DESCARGAR CON ORIENTACIONES PARA CADA ETAPA EVOLUTIVA.



El duelo infantil

Publicamos este interesante artículo de Rebeca Recio Berlanas, psicóloga de Psycos, sobre el Duelo Infantil.

EL DUELO EN LOS NIÑOS

La muerte de un ser querido, forma parte de nuestras vidas independientemente de la edad que tengamos.  Muchos niños sufren la pérdida de sus abuelos, tíos u otros familiares más cercanos como padres o hermanos. También el cambio de casa, colegio, muerte de una mascota o separación de los padres son situaciones de duelo para los más pequeños.
Los adultos, ya sean padres, familiares o profesores, no pueden proteger a los menores de las pérdidas, ni evitar el dolor que los niños sienten, pero si pueden ayudar a los pequeños a vivir el duelo de una manera más adecuada.

 
Para cualquier persona, la perdida de un ser querido, es una situación difícil, pero para los niños lo es especialmente. Los niños, son seres dependientes, que va adquiriendo capacidades de forma progresiva, y durante los primeros años de vida, necesitan a los adultos para sobrevivir (no pueden alimentarse por si mismos, protegerse de los peligros, etc.). Por lo que para ellos la perdida de una figura cercana es una pérdida a nivel vincular, afectiva, de cuidados, de una fuente de protección, seguridad, etc. Además según la edad del menor, debido a que su desarrollo cognitivo-afectivo no es completo, va a tener dificultades para entender lo sucedido.

¿Cómo podemos ayudarles?
  • Los niños necesitan comprender ¿Qué es la muerte? Necesitan tener información concisa y apropiada para su edad, los papás en ocasiones tienen miedo a explicárselo, no quieren hacerles daño, ni darles másinformación de la que pueden comprender. Para asegurarnos de que la información que damos es la adecuada, debemos partir de ¿Qué saben? Además, los niños necesitan sentir que pueden preguntar tantas veces como necesiten los diferentes aspectos que les preocupan o generan curiosidad, con el fin de completar el proceso de entendimiento de un suceso tan complejo como la muerte.
Algunos conceptos necesarios para la comprensión de la muerte son: entenderla como un hecho irreversible, inevitable y universal. Pero debido al progresivo desarrollo de las capacidades cognitivas, aunque los niños pueden expresar emociones sobre lo sucedido, dependiendo de la edad, no siempre entienden realmente lo que significa la muerte.
Hasta los 5 años de edad la concepción sobre la muerte es muy limitada, ya que es a esta edad a la que el niño adquiere una diferencia clara entre separación temporal y separación definitiva.
A los 9 años los niños adquieren las nociones de irreversibilidad, insensibilidad (post-mortem) y universalidad.
  • Los niños pueden presentar diferentes formas de expresar las emociones derivadas de la pérdida.Pueden expresar la tristeza llorando, manifestar la rabia e injusticia a través de comportamientos inadecuados como peleas, malas contestaciones, etc., pueden somatizar las emociones en forma de dolores físicos, puedentener retrocesos en aprendizajes adquiridos hace tiempo (control de esfínteres, etc.).
Junto al dolor, los  pequeños pueden expresar otras emociones como temor a que ellos u otras personas queridas puedan fallecer o enfermar, culpa por los comportamientos inadecuados o escasas muestras de afecto que tuvieron con la persona antes de fallecer, etc.

Llorar cuando alguien importante para nosotros se ha marchado, es una reacción normal y muy sana. Pero ante ello, los adultos podemos sentirnos incómodos por no saber como reaccionar o porque no queremos que sufran. La mejor manera de ayudarles es generar un espacio para la expresión de estas emociones, que necesitan ser expresadas . La pérdida es dolorosa también para los niños, no hay consuelo o solución posible, pero si las personas a las que queremos nos acompañan, estando presentes y mostrándose afectuosos y disponibles, será un poco más fácil el proceso.
Es de gran ayuda poder hablar sobre lo sucedido, sobre como se sienten, que cosas echan de menos, etc.
Si notamos que les cuesta expresar lo que sienten, no debemos presionarles, podemos ayudarles con nuestro ejemplo. Así ellos sabrán que cuando lo necesiten y estén preparados, podrán compartir sus sentimientos con nosotros.

  • Para los niños es positivo que les ofrezcamos la posibilidad de despedirse de la persona fallecidaasistiendo al funeral u otros rituales. En ocasiones intentamos evitar que el niño sufra dejándole al margen,pero lo que le produce dolor al niño no es el funeral, si no la pérdida. Los rituales de despedida tienen la funciónde que las personas allegadas al fallecido puedan compartir la pena y permiten despedirse de la persona querida. Por lo que impidiendo que el niño asista a estos eventos, no sólo no evitamos el dolor que siente, si no que impedimos que se despida y comparta su tristeza con el resto de familiares.                      Es importante poder prepararles para ello explicándoles en que consiste, las posibles reacciones de la gente, etc. Esto les permitirá tener un mayor control de la situación y por tanto sentirse más seguros.
También se les puede ofrecer crear con ellos un ritual de despedida personal en el que ellos puedan decir adiós a la persona amada a su manera.

Una vez concluidos los rituales, es necesario que transmitamos a los niños la importancia de retomar las rutinas y volver a jugar y reírse. Para que los menores puedan retomar su vida, sin sentir que por ello olvidan a la persona fallecida, necesitan que los adultos de referencia actúen como modelo. A pesar de la desorientación y tristeza propias del duelo la familia necesita retomar su vida. Para ello pueden pedir apoyo a familiares o amigos, que les ayuden hasta que pueda reestructurar la cotidianidad.
Pudiendo establecer momentos, formas o lugares de recordar a la persona querida.


  • Los profesores también pueden ayudar en estas situaciones, pudiendo trabajar con el resto de la clase lo que significa la muerte y las formas más adecuadas de recibir al pequeño.

¿Cuándo es necesaria la intervención de un profesional?
En ocasiones el proceso de duelo se complica, haciendo necesaria la intervención de un profesional que pueda ayudar al niño en la elaboración de la pérdida. Algunos indicadores del duelo patológico son:

  • Tristeza severa que limita el interés del menor en las actividades diarias
  • El niño presenta dificultades para dormir, comer o estar solo.
  • Regresión a comportamientos propios de un niño más pequeño
  • Imitación de la persona fallecida
  • Deseos de irse con la persona fallecida
  • Pérdida del interés en los amigos o el juego
  • Negativa a asistir a la escuela o descenso  intenso y persistente  de las notas.
La problemática aparece cuando estas conductas persisten en el tiempo, produciéndose un incremento de las mismas en intensidad o frecuencia.
Los niños necesitan que los adultos les acompañemos en la elaboración de su duelo, proporcionándoles contención, escucha y afecto .
Rebeca Recio Berlanas.



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