viernes, 20 de septiembre de 2013

El enfado: cómo ayudar a los niños a manejar esta compleja emoción | ASACA

El enfado: cómo ayudar a los niños a manejar esta compleja emoción | ASACA


El enfado es una emoción básica que sentimos todos. Sin embargo, cuando se pierde el control, el enojo se vuelve destructivo. ¿Cómo ayudar a los más pequeños a gestionar esta emoción?

El enfado puede suponer para los niños problemas con la familia y los compañeros, y puede repercutir en el rendimiento escolar. Al igual que otras emociones, el enfado va acompañado de cambios fisiológicos; tanto la frecuencia cardíaca como la presión arterial pueden aumentar. El enojo puede deberse tanto a hechos internos como externos. Un niño, por ejemplo, puede enojarse porque siente que sus notas no son buenas (interno), o bien porque su hermano lo ha empujado (externo).
La manera natural de expresar el enojo consiste en responder de forma agresiva. Es la respuesta intuitiva ante la percepción de amenazas físicas o verbales. Sin embargo, responder agresivamente a cada situación de amenaza no es sano ni seguro . La violencia acarrea problemas sociales, dificultades con la familia, problemas con la justicia y un daño físico o emocional. Por lo tanto, es importante enseñar a los niños, desde pequeños, formas saludables de controlar su ira.

¿Cómo se manifiesta el enojo según las edades?

En la primera infancia, los niños comienzan a adquirir la capacidad de reprimir los impulsos de agresión física (como empujar, golpear, pellizcar, morder, gritar, etc.) cuando están enojados. Los niños en edad preescolar aprenden a identificar los estados emocionales básicos, en ellos mismos y en los demás, mediante el uso de la palabra. Sin embargo, es frecuente que algunos niños recurran a conductas de violencia física (arrojan juguetes, empujan o golpean a sus padres o compañeros), en parte porque aún se están acostumbrando al uso de la palabra para expresar sus sentimientos.
A medida que crecen, los niños adquieren habilidades lingüísticas más complejas y empiezan a desarrollar la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Adquieren empatía y llegan a comprender mejor el efecto de sus actos y palabras en los demás . Con los años, ya deberían saber expresar su enojo con palabras y no físicamente. Sin embargo, los niños con dificultades para hablar o para dominar sus impulsos suelen luchar para controlar sus sentimientos de enojo y pueden responder usando la fuerza física, los gritos o negándose a obedecer las normas escolares o familiares.
Los adolescentes son estimulados por nuevos agentes y preocupaciones que pueden provocar sentimientos de enojo y frustración, como la creciente necesidad de independencia e intimidad, además del aumento de las exigencias académicas, sociales y laborales. Algunos jóvenes expresan su frustración e ira negándose a verbalizar lo que sienten y piensan, mientras que otros reaccionan físicamente, arrojando objetos o dando portazos . Algunos adolescentes tienen dificultades para manejar sus impulsos de agresión física, y sus reacciones pueden llegar al límite de descargar su ira contra los demás. La cultura de grupo también guarda un papel fundamental en la aceptación de la agresión física o verbal como respuesta adecuada a los sentimientos de ira.

¿Qué pueden hacer los padres?

La forma en que los padres responden a las situaciones emocionales influye de manera significativa en el aprendizaje del niño a manejar sus propias emociones. Los niños necesitan una guía para poder expresar y dominar las emociones y conductas correctamente . Los niños que ganan habilidad para manejar las emociones (consultar el 6º Cuaderno FAROS ¿Cómo educar las emociones? La inteligencia emocional en la infancia y la adolescencia ), como el enojo, pueden sobrellevar y repeler mejor el estrés.
Esta capacidad les servirá desde la infancia hasta la adultez, y redundará en una mejor salud física y en un más alto rendimiento académico y laboral. Reduce, además, los problemas de conducta fomentando, a la vez, el autocontrol, la confianza en uno mismo y las buenas relaciones con los compañeros.
Los padres pueden estimular la adquisición de habilidades eficaces para manejar el enojo de las siguientes maneras:
  • Ayudándolos a desarrollar la empatía . Por ejemplo, le puedes preguntar a tu hijo: “¿Cómo piensas que se puede sentir María cuando le gritas y le quitas su juguete?” o “¿Cómo te sentirías tú si Pablo te hiciera lo mismo?”.
  • Enseñándoles que puede admitirse cualquier sentimiento pero no cualquier comportamiento . Es decir, uno puede sentirse frustrado, pero no por ello puede golpear, patear o agarrar a otro para expresar lo que siente.
  • Cada situación que lleva a tu hijo a afrontar sentimientos de enfado es una oportunidad de aprendizaje. Cuando notes que tu hijo mantiene la calma ante una situación irritante, remárcalo y felicítalo. En cambio, si notas que no controla bien el enfado, acércate para ayudarle a resolver el problema. Pregúntale, por ejemplo, qué podría hacer la próxima vez que le suceda algo que suscite su enfado. Ayúdale a encontrar opciones como “avisar a un adulto” o “dar la espalda”, y luego aliéntalo a que la próxima vez reaccione eligiendo una de estas formas socialmente aceptadas.
  • Ayudándolos a desarrollar hábitos de control efectivo del estrés para evitar exabruptos de ira. Pídeles que piensen y participen regularmente en actividades positivas, como hacer ejercicio, leer, escuchar música, etc., que los mantengan alejados de aquello que los irrita.
  • Aconsejándoles a hacer inspiraciones profundas antes de reaccionar agresivamente cuando están enfadados.

¿Cuándo hay que buscar la ayuda de un profesional?

Aprender a controlar los sentimientos de enfado es una parte normal del crecimiento. Algunos niños adquieren habilidades efectivas para el control de la ira fácilmente, mientras que otros necesitan más práctica.
Si tu hijo tiene dificultades para calmarse cuando está enfadado o sufre episodios frecuentes en los que no puede evitar agredir física o verbalmente, es posible que necesite la intervención de un profesional en salud mental.
Un profesional podrá evaluar las causas subyacentes y los factores que activan el enojo y la frustración, y ayudar al niño a adquirir habilidades específicas para el control de la ira. Podrá, también, dar apoyo y orientación a los padres y a los profesores.

martes, 17 de septiembre de 2013

Mamá es esa señora.



Mamá es esa SEÑORA que lleva en el bolso un pañuelo con mis mocos, un paquete de toallitas, un chupete y un pañal de emergencia, por si acaso...
Es ese COHETE tan rápido que va por la casa disparando y que está en todas partes al mismo tiempo...
Es esa MAGA que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso...
Es esa FORZUDA capaz de hacerle frente a cualquiera, por defender a sus criaturas (de 0 a 50 años) y levantar con un solo brazo mis 15 kilos...
Es esa CAMPEONA DE ATLETISMO capaz de llegar en décimas de segundo, para evitar que me caiga...
Es esa SEÑORA con el pelo de dos colores que dice que en cuanto tenga otro huequito, solo otro, va a la peluquería...
Es esa CHEFF, capaz de hacerme la cena con dos tonterías que quedaban en la heladera aunque ella se quede sin cenar...
Es ese MÉDICO que sabe con solo mirarme si tengo fiebre, cuánta y lo que tiene que hacer...
Es esa ECONOMISTA que se pone la ropa de hace cientos de años para que yo vaya bien guapo...
Es esa SONÁMBULA que puede levantarse dormida a las 3 de la
mañana, mirar si me hice pis, cambiarme el pañal, darme el jarabe
para la tos, un poco de agua, todo a oscuras y sin despertarse...
MAMÁ es aquella mujer que jamás se dio cuenta que envejecía, por ver a sus hijos realizarse, llorando de noche porque ya tienen alas y dentro de poco dejarán el nido para buscar otro y de día sonríe para que los hijos no tengan remordimiento al dejarla por que ella se siente feliz... LA VES?..
ES AQUELLA, LA MÁS GUAPA, LA QUE SIEMPRE SONRÍE Y TE MIRA CON TANTA TERNURA.

¿Por qué mi hij@ no me hace caso?

¿Por qué mi hij@ no me hace caso? 

 Aprendemos jugando juntos, aprender juntos, disciplina positiva, educación emocional, educar niñ@s felices.

 Son muchas las mamás y papás que dicen “es que mi niñ@ no me hace caso, cuando le llamo nunca viene a la primera o cuando le digo que haga algo se lo tengo que repetir tropecientas veces…”. ¿Por qué ocurre esto?

 Muchas veces somos nosotr@s l@s que inconscientemente les enseñamos a no hacer caso a la primera.

¿Cuántas veces nos dicen “mamá/papá ven que quiero enseñarte una cosa” o empiezan a hablarnos de algo y les decimos “espera un momento”? Les enseñamos que cuando alguien está haciendo algo hemos de esperar a que termine para poder hablar o decirle lo que deseamos, pero no les enseñamos que cuando ese algo es importante no puede esperar.

 Teniendo en cuenta que para ell@s lo más importante es jugar, si cuando están jugando les llamamos para poner la mesa o para cenar o para bañarse es normal que nos digan “espera”, porque ellos están haciendo algo importante y siguiendo la misma lógica debemos esperar a que terminen, ¿no?.
 Este tipo de comportamiento también se da mucho en niñ@s con padres ocupadísimos (que trabajan mucho y muchas horas) y muestran un déficit de atención hacia sus hij@s.

  ¿Qué podemos hacer?

 1.- Dar ejemplo. Si acudimos cuando nos llaman mientras son pequeños, seguramente favorecerá que ellos también lo hagan. Recuerda que aprenden por imitación.
 2.- Las cosas se piden por favor. Intentamos enseñarles a ellos y a veces a nosotros se nos olvida. 
 3. Tenemos que explicarles el motivo por el que les interrumpimos y les llamamos. 4. Si es algo que nos interesa a nosotros, lo mejor es que vayamos hasta donde están ell@s y les pidamos lo que esperamos que hagan y por qué. De nada sirve gritarlo desde otra habitación.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

LOS BESOS

Los niños sólo dan besos cuando quieren


Muchas veces, empleamos a nuestro hijo como representante del afecto familiar, y nadie niega que los besos de los niños son especiales (un poco húmedos, pero muy sinceros), son de los mejores que se pueden recibir. Pero los niños son los que han de elegir a quién quieren demostrar sus afectos. Si nos pusiéramos por un momento en su lugar, veríamos de lo inapropiado, a veces, de nuestras solicitudes amorosas a terceras personas.

"Hijito, dale un besito a la señora Elvira" y nuestro hijo quizás piense para sus adentros "¿Y quién es la señora Elvira para que yo le tenga que dar un beso?". Pese que para nosotros dar un beso de despedida o bienvenida es un acto social frecuente, solicitar a nuestro hijo que de besos de manera poco espontánea puede parecerle un acto desagradable o incomprensible.

El niño considera el dar besos como un acto de intimidad, del que está dispuesto a otorgar a sus papás, hermanos o allegados, pero quizás todavía no puede entender que sea un acto social, para quedar bien o ser educado. Así que es frecuente, que nuestro hijo se niegue en rotundo a favorecer con un beso o un abrazo a alguien con el que no tiene la suficiente confianza o se niegue porque quizás esta solicitud se produce cuando no le apetece hacerlo. Quedaremos fatal ante la negativa del niño y la persona afectada también se sentirá violenta por la tensión producida entre padres e hijo.

¡Cuántas veces los niños nos dejan mal cuando los instrumentalizamos! Los niños en la intimidad, hacen mil y una monerías, pero aunque hay algunos siempre dispuestos a conquistar el corazón de los presentes repitiendo sus proezas y ofreciendo abrazos y besos a diestro y siniestro, hay otros, que se cierran en banda, porque no va con ellos esto de la conquista y la interpretación. Aunque desde luego, todos quedan admirados ante un niño sociable, risueño, comprometedor y cariñoso, debemos respetar que a nuestro hijo no le apetezca o no crea oportuno mostrar sus afectos a otros. Cada niño tiene su propia personalidad y le llevará un tiempo saber que ciertas muestras de cariño pueden ser conductas sociales esperadas.

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com

BIENVENIDOS/AS AL NUEVO CURSO ESCOLAR 2013/2014

jueves, 20 de junio de 2013

AULA DE EXPLORADORES 2013

BUÁ QUE GUAY DURANTE Y DESPUÉS DE LA PAPELERÍA