martes, 17 de septiembre de 2013

Mamá es esa señora.



Mamá es esa SEÑORA que lleva en el bolso un pañuelo con mis mocos, un paquete de toallitas, un chupete y un pañal de emergencia, por si acaso...
Es ese COHETE tan rápido que va por la casa disparando y que está en todas partes al mismo tiempo...
Es esa MAGA que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso...
Es esa FORZUDA capaz de hacerle frente a cualquiera, por defender a sus criaturas (de 0 a 50 años) y levantar con un solo brazo mis 15 kilos...
Es esa CAMPEONA DE ATLETISMO capaz de llegar en décimas de segundo, para evitar que me caiga...
Es esa SEÑORA con el pelo de dos colores que dice que en cuanto tenga otro huequito, solo otro, va a la peluquería...
Es esa CHEFF, capaz de hacerme la cena con dos tonterías que quedaban en la heladera aunque ella se quede sin cenar...
Es ese MÉDICO que sabe con solo mirarme si tengo fiebre, cuánta y lo que tiene que hacer...
Es esa ECONOMISTA que se pone la ropa de hace cientos de años para que yo vaya bien guapo...
Es esa SONÁMBULA que puede levantarse dormida a las 3 de la
mañana, mirar si me hice pis, cambiarme el pañal, darme el jarabe
para la tos, un poco de agua, todo a oscuras y sin despertarse...
MAMÁ es aquella mujer que jamás se dio cuenta que envejecía, por ver a sus hijos realizarse, llorando de noche porque ya tienen alas y dentro de poco dejarán el nido para buscar otro y de día sonríe para que los hijos no tengan remordimiento al dejarla por que ella se siente feliz... LA VES?..
ES AQUELLA, LA MÁS GUAPA, LA QUE SIEMPRE SONRÍE Y TE MIRA CON TANTA TERNURA.

¿Por qué mi hij@ no me hace caso?

¿Por qué mi hij@ no me hace caso? 

 Aprendemos jugando juntos, aprender juntos, disciplina positiva, educación emocional, educar niñ@s felices.

 Son muchas las mamás y papás que dicen “es que mi niñ@ no me hace caso, cuando le llamo nunca viene a la primera o cuando le digo que haga algo se lo tengo que repetir tropecientas veces…”. ¿Por qué ocurre esto?

 Muchas veces somos nosotr@s l@s que inconscientemente les enseñamos a no hacer caso a la primera.

¿Cuántas veces nos dicen “mamá/papá ven que quiero enseñarte una cosa” o empiezan a hablarnos de algo y les decimos “espera un momento”? Les enseñamos que cuando alguien está haciendo algo hemos de esperar a que termine para poder hablar o decirle lo que deseamos, pero no les enseñamos que cuando ese algo es importante no puede esperar.

 Teniendo en cuenta que para ell@s lo más importante es jugar, si cuando están jugando les llamamos para poner la mesa o para cenar o para bañarse es normal que nos digan “espera”, porque ellos están haciendo algo importante y siguiendo la misma lógica debemos esperar a que terminen, ¿no?.
 Este tipo de comportamiento también se da mucho en niñ@s con padres ocupadísimos (que trabajan mucho y muchas horas) y muestran un déficit de atención hacia sus hij@s.

  ¿Qué podemos hacer?

 1.- Dar ejemplo. Si acudimos cuando nos llaman mientras son pequeños, seguramente favorecerá que ellos también lo hagan. Recuerda que aprenden por imitación.
 2.- Las cosas se piden por favor. Intentamos enseñarles a ellos y a veces a nosotros se nos olvida. 
 3. Tenemos que explicarles el motivo por el que les interrumpimos y les llamamos. 4. Si es algo que nos interesa a nosotros, lo mejor es que vayamos hasta donde están ell@s y les pidamos lo que esperamos que hagan y por qué. De nada sirve gritarlo desde otra habitación.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

LOS BESOS

Los niños sólo dan besos cuando quieren


Muchas veces, empleamos a nuestro hijo como representante del afecto familiar, y nadie niega que los besos de los niños son especiales (un poco húmedos, pero muy sinceros), son de los mejores que se pueden recibir. Pero los niños son los que han de elegir a quién quieren demostrar sus afectos. Si nos pusiéramos por un momento en su lugar, veríamos de lo inapropiado, a veces, de nuestras solicitudes amorosas a terceras personas.

"Hijito, dale un besito a la señora Elvira" y nuestro hijo quizás piense para sus adentros "¿Y quién es la señora Elvira para que yo le tenga que dar un beso?". Pese que para nosotros dar un beso de despedida o bienvenida es un acto social frecuente, solicitar a nuestro hijo que de besos de manera poco espontánea puede parecerle un acto desagradable o incomprensible.

El niño considera el dar besos como un acto de intimidad, del que está dispuesto a otorgar a sus papás, hermanos o allegados, pero quizás todavía no puede entender que sea un acto social, para quedar bien o ser educado. Así que es frecuente, que nuestro hijo se niegue en rotundo a favorecer con un beso o un abrazo a alguien con el que no tiene la suficiente confianza o se niegue porque quizás esta solicitud se produce cuando no le apetece hacerlo. Quedaremos fatal ante la negativa del niño y la persona afectada también se sentirá violenta por la tensión producida entre padres e hijo.

¡Cuántas veces los niños nos dejan mal cuando los instrumentalizamos! Los niños en la intimidad, hacen mil y una monerías, pero aunque hay algunos siempre dispuestos a conquistar el corazón de los presentes repitiendo sus proezas y ofreciendo abrazos y besos a diestro y siniestro, hay otros, que se cierran en banda, porque no va con ellos esto de la conquista y la interpretación. Aunque desde luego, todos quedan admirados ante un niño sociable, risueño, comprometedor y cariñoso, debemos respetar que a nuestro hijo no le apetezca o no crea oportuno mostrar sus afectos a otros. Cada niño tiene su propia personalidad y le llevará un tiempo saber que ciertas muestras de cariño pueden ser conductas sociales esperadas.

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com

BIENVENIDOS/AS AL NUEVO CURSO ESCOLAR 2013/2014

jueves, 20 de junio de 2013

AULA DE EXPLORADORES 2013

BUÁ QUE GUAY DURANTE Y DESPUÉS DE LA PAPELERÍA

Evaluar es comprender para mejorar

Evaluar es comprenejorder para mar

Evaluar es muy complicado, es ir más allá de simples mediciones, llevadas a cabo con instrumentos cuantitativos. Se debe tener en cuenta numerosos factores socioeconómicos, afectivos y culturales. Todo esto teniendo en la mira el logro de mejoras en el proceso de maduración.

Un semáforo perverso
"La educación Infantil tiene por finalidad contribuir al desarrollo de todas las capacidades de los niños y niñas". "La evaluación en Educación Infantil pretende señalar el grado en que se van desarrollando las diferentes capacidades...". "La valoración del proceso de aprendizaje se expresará en términos cualitativos,..." (ORDEN sobre evaluación en Educación Infantil)

En Educación Infantil se pretende que la evaluación sea cualitativa, que explique cómo va desarrollándose las capacidades de cada cual, pero vemos, con demasiada frecuencia, los informes de evaluación de los pequeños como un conjunto de conductas en las que aparece coloreado en un semáforo, en rojo o verde, si las conductas han sido conseguidas o no. Estos informes de evaluación son percibidos por las familias, lógicamente, de forma cuantitativa: "mi hijo tiene tres rojos", "mi hija tiene más verdes". En otras ocasiones los colores son sustituidos por "Mejora adecuadamente" o "Necesita mejorar", en un intento de poner palabras donde sólo hay posibilidades de poner dos criterios, bien o mal. No creemos que la educación de cada niño y niña pueda reducirse a un sistema binario de posibilidades, como si de un circuito electrónico se tratara.

No podemos evaluar lo complejo con instrumentos simples, ya que lo cualitativo se vuelve cuantitativo con evaluaciones que simplifican la riqueza del comportamiento humano. Lo importante no es saber si alguien tiene o no adquirida una conducta, sino especificar el grado de desarrollo que va adquiriendo, sus dificultades, cómo podemos ayudarle a mejorar, qué problemas le genera sus déficit, cuáles son los logros, qué debemos cambiar en nuestras actuaciones para mejorar.

La escuela ha heredado una concepción estadística, que pervierte notablemente la evaluación del alumnado. La representación gráfica en la que un conjunto de alumnos es normal, un pequeño grupo está por debajo de la norma y otro pequeño grupo por encima de lo normal, acaba forzando al grupo a comportarse de esta forma. Proponemos cambiar la cultura escolar mediante una concepción madurativa de la evaluación, en la que cada cual, a lo largo de su historia personal y en relación con los demás va desarrollando y mejorando sus capacidades.

Evaluar para mejorar
Como reza el título de un libro de Miguel Ángel Santos Guerra, evaluar es comprender y, en Educación Infantil, evaluar es comprender a los niños y niñas para ayudarles a mejorar en su proceso educativo.

Evaluar es comprender qué se juega en las relaciones con los iguales: sus celos, riñas, aislamientos, capacidad de frustración, limitación de deseos...; comprender cómo se manifiestan los conflictos en estas edades; indagar sobre el particular modo de aprender de cada cual; comprender el laberíntico camino que describen sus aprendizajes, sus relaciones, su autonomía, su pensamiento, sus emociones, sus sentimientos.

Evaluar es comprender qué sucede en el periodo de adaptación al centro escolar, en ese tránsito de la casa a la primera institución social. La llegada al colegio por primera vez está llena de pérdidas y ganancias y hay que saber cómo lo vive cada cual para ayudarles a superarlo, organizando actividades de tránsito, generando dinámicas afectivas que den seguridad, creando espacios atrayentes que mitiguen la pérdida temporal de la familia.

Evaluar es comprender qué le pasa a una chica de mi clase cuando no atiende las explicaciones. Quizás, al nacerle su hermano demasiado pronto, ha tenido que hacerse mayor de golpe, sin estar aún preparada. Se hace necesario apoyarla en esos momentos de debilidad, tener paciencia, ayudarle a resituarse en la familia, a buscar un lugar importante y único en el que se encuentre querida.

Evaluar es comprender por qué un alumno extranjero de mi aula no habla en la asamblea, posee déficit de atención y necesita moverse continuamente. Quizás, al vivir a caballo entre su país de origen y España, no acaba de echar raíces en ningún sitio. Es posible que necesite tiempo para aclararse de dónde es.

Evaluar es comprender el sufrimiento de una alumna que está siempre en la cocinita y nunca tiene ganas de hacer el libro. Las continuas peleas de sus padres paralizan sus neuronas y necesita diariamente acunar a un muñeco para relajarse o jugar a ser una enferma que los demás curan mediante el juego simbólico.

Evaluar es comprender por qué a un chico muy inteligente de mi aula se le mueve todo el cuerpo sin que repare en ello. No es solución castigar lo que ni él mismo controla. Y es que no tuvo en su momento la lenta mirada de una madre que con su arrullo relajara su cuerpo. Y podemos ayudarlo dándole espacios y tiempos para que se mueva y creándole un nuevo lecho emocional en la casa y el colegio para que se sosiegue.

Evaluar es comprender que alguien pueda poseer un elevado nivel lógico y matemático, pero manifieste la emoción de un bebé de dos años. Y debemos ayudarle a madurar y controlar sus sentimientos sin exigencias excesivas, valorando sus logros.

Evaluar es comprender a una chica insegura que siempre hace lo que hace la amiga de turno, porque los gritos y descalificaciones constantes de su madre no le ha dado la seguridad suficiente para nadar en soledad; y debemos esforzarnos en valorar todo lo que hace para que vaya cogiendo confianza en sí misma.

Evaluar es comprender el alma errática de un inmigrante que vive con un familiar a la que llama mamá porque lo trajo de su país cuando se casó con un señor de aquí, al que debe llamar papá, pero tiene otro padre y otra madre y un montón de hermanos en el otro continente a los que hace tres años que no ve, y no comprende nada. Y debemos ayudarle a componer el puzzle emocional de su familia, mientras aprende a escribir "mamá".

Evaluar es comprender por qué la más pequeña del aula está todo el día haciendo libro y preguntando al maestro constantemente con tareas escolares; y no es porque sea una chica muy aplicada sino porque necesita un padre que sea cariñoso con su madre y el maestro parece un buen candidato, y busca estrategias para estar el máximo tiempo cerca de él, agradándole y demandando cariño.

Evaluar es comprender a un chico muy inmaduro que evita toda tarea escolar, porque le es imposible dejar huellas en un papel porque sus padres no han tenido tiempo de dejar huellas de caricias en su cuerpo al estar muy ocupados con el trabajo.

Evaluar es comprender el mutismo de un chico que tuve hace tiempo y cómo dejó de hablar sin ninguna justificación aparente cuando su madre desapareció de su vista durante varios días al cumplir los 2 años. Y es que fue al hospital con otro hermano que había tenido un accidente y se sintió abandonado. Y se hacía necesario elaborar esa herida en su mente, mediante el juego y el dibujo, hasta que un día decidió que podía hablar. Y dejamos de darle logopedia y demás bricolaje de la boca porque un buen diagnóstico no apuntaba sobre déficit fisiológico sino emocional.

Evaluar es comprender por qué un alumno líder de la clase es tan querido por todos, y sobre todo por todas. Y es que un niño muy amado y valorado por su familia muestra una seguridad en sí mismo que atrae a todo el que se le arrima.

Evaluar es comprender cómo a pesar de que en el aula se trabaja las mismas actividades hay niños y niñas que aprenden más rápidos que otros o que aprenden cosas diferentes. Y es que el medio social es muy determinante. Es por ello que intentamos crear en clase un ambiente cultural del que se impregnen cada día, sobre todo los que no tienen esa posibilidad en sus casas.

Evaluar es comprender que los niños y niñas son seres reflexivos y activos en sus aprendizajes, y es necesario crear espacios y tiempos en los que ellos elijan trabajar sus deseos, necesidades e intereses de forma voluntaria.

Evaluar es comprendernos a nosotros adultos y saber mirarnos en nuestro papel de educadores, y detectar por qué gritamos a unos y tenemos paciencia con otros, por qué somos comprensivos unos días y otros somos demasiados exigentes, por qué tenemos tantos miedos a los padres cuando ellos también están cargados de miedos e inseguridad ante el reto de la educación. Y es que educamos con lo que somos y no con lo que sabemos.

Evaluar es comprender que los niños y niñas tienen diferentes niveles de maduración, diferentes estilos cognitivos, distintas relaciones afectivas y personalidades, vienen de diferentes contextos culturales, etc.; por tanto, no todos aprenden a la vez las mismas cosas. Es necesario respetar los ritmos y características personales de cada cual. El medio sociocultural es muy determinante. Si exigimos a todos un mismo nivel estamos marginando a los menos favorecidos.

Evaluar, en suma, no es la cuantificación objetiva mediante técnicas perfectas de las capacidades de cada uno, sino la toma de conciencia de lo que hacemos, de nuestras capacidades, de nuestras carencias, de nuestra singularidad, de nuestras posibilidades, de nuestros deseos, de nuestra identidad,... para poder mejorar como persona y como comunidad educativa.


Autor
Cristóbal Gómez Mayorga
Maestro y licenciado en Pedagogía
En Ceapa
Número 86